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Cuando sienta lo mismo que tú

Por Andrés Felipe Giraldo L.

Cuando sienta lo mismo que tú, los dos estaremos bien. Porque voy a entender tu desamor sin resentimientos y sin dolor, porque por fin voy a comprender que las emociones se extinguen, aunque la voluntad intente resistirse.

Cuando sienta lo mismo que tú, es decir, nada, quizá pueda mirarte a los ojos sin que se me caiga la mirada al piso, dejando resbalar mi alma que se rompe una y otra vez con tu indiferencia.

Cuando sienta lo mismo que tú, podré seguir adelante sin arrastrar mis pedazos como aquel que ha hecho de su equipaje un costal en el que cabe la vida entera, de cualquier manera, hecha miseria, sin poderla abandonar, porque el pasado es un lastre inevitable.

No sé si ese día llegue, es difícil ver el futuro con la mirada empañada. Me siento tan derrotado, tan triste. Solo puedo ver el mundo desde la profundidad de mi colchón sencillo, que se hunde con mi amargura que pesa más que esa cama doble que ya no habito.

Los recuerdos serán distintos para cada uno, en mí perdurarán en el reino del hubiera sido, allí donde imaginaré una y otra vez esa vida que no vivimos, esa vejez juntos que ya no compartiremos, esa finca que soñamos entre las montañas que seguirá siendo monte, sin casa, sin perro y sin gallinas.

Cuando sienta lo mismo que tú, la melancolía será hermosa porque no me traerá este dolor que hiere. Solo vendrá con algún lugar, un gesto furtivo o cualquier momento que hayamos vivido, así, sin duelo, porque ya no te voy a extrañar. Solo echaré de menos ese lugar, ese gesto o ese momento desprovisto de ti, posada allí como la sombra imperceptible en una fotografía inofensiva.

Cuando sienta lo mismo que tú mis palabras no cargarán la agonía de las despedidas sin retorno, tan solo me daré la vuelta desde muy lejos para ver que estás bien, para saber que yo también estoy vivo, y que tu decisión nos hizo bien a los dos, o a los tres, o a los cuatro, qué sé yo.

Tengo rabia, demasiada para soportarla. Tengo tanto que reprochar que la bilis me ha pintado la lengua de amarillo. Pero no tengo más opción que tragarme el vomito de los reclamos porque tu paz te hace inmune a mi veneno, y yo no quiero perturbar más. Quiero pasar como un fantasma incapaz de mostrar su faz, resignado y silencioso, recogiendo los pasos de tu ausencia sin el menor ruido, sin elevar la voz.

Cuando sienta lo mismo que tú, esta soledad se hará liviana, dejaré por fin de cerrar las puertas con seguro que ya nadie abrirá, y solo me sorprenderá el espejo cuando esté desprevenido. Me reiré de mi reflejo en sobresalto y, por supuesto, esa imagen en el espejo se burlará de mí.

Hoy deambulo por este apartamento oscuro de cortinas cerradas, cama destendida y nevera vacía, preguntándome qué hice mal. Las respuestas hacen fila para cachetearme una tras otra sin piedad. Entonces las aparto y las ignoro, saco el vino tinto de una cava improvisada y me lo tomo sin copa y sin glamour, brindo con mis demonios y saco a bailar a la musas para tirar estas letras acá, junto a mis pedazos, lejos de ti.

Cuando sienta lo mismo que tú, serás tan pasado como yo lo soy ahora de ti. En mi presente seré tu olvido, pero ya no serás mi dolor. ¿Y el futuro? ¿A quién le importa el futuro? a mí lo único que me importa aquí y ahora es sentir lo mismo que tú. Y no puedo. Porque siento lo mismo que yo. Y yo estoy hecho mierda, sabiendo que ya no sientes lo mismo por mí.

Sin embargo, la tristeza que me invade contrasta con tu alivio y eso, aunque suene raro, me alegra. Porque cuando sienta lo mismo que tú no habrá más que un tú y un yo sobre el cadáver del nosotros, cada uno entero, firme y dispuesto. Cuando yo sienta lo mismo que tú, ya no sabré qué sientes tú.

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