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Charla muda con Neruda

No recuerdo quién me habló de Neruda por primera vez. No recuerdo bien si me dijo que su nombre era Pablo. Estoy seguro de que no me dijo que nació con el nombre de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto. De él sólo sabía que era chileno, que murió días después del golpe de la dictadura militar y que era un gran poeta. No más.

En 2001, cuando me estaba separando de mi esposa (hoy ex esposa), en medio del dolor insalvable y profundo, desgarrador y constante de la ruptura y sus causas, en el asilo y el refugio de la depresión en el apartamento de mi hermano Luis en Montreal, Canadá, recordé un par de frases de dos de sus poemas más famosos, sacados de “20 poemas de amor y un canto desesperado”. Unos trocitos del poema 20 y del poema 15. No sabía que eran los poemas 20 y 15 y mucho menos que salían de ese libro. Sólo recordaba con una insistencia torturadora esas dos frases que me laceraban el alma: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” y “Me gusta cuando callas porque estás como ausente”. De la primera frase me burlaba, no creía que él pudiera escribir versos más tristes que yo y menos esa noche, mi oscura noche. Y se lo hice saber. De la segunda, no entendía por qué le podría gustar que alguien calle, porque “está como ausente”, cuando la ausencia de alguien, de ese alguien, en ese momento, me estaba matando a mí. En este caso, se lo hice saber a ella.

Abusé de que Neruda estaba muerto y de que ella estaba ausente para escribir dos textos sacados de las vísceras rotas y hechas mazacote entre mi pecho y mi espalda. Asumí que los lectores, Neruda y ella, supondrían que yo conocía la extensa obra de Pablo y que podría abusar de ello para colgarme de sus versos y vomitar mi dolor. Y lo hice. Y ahora me confieso. Sólo conocía esas dos frases de Neruda, del que sólo sabía tres datos… y dos frases.

Hoy, junio de 2010, después de visitar sus tres casas en Chile, “La Chascona” de Santiago, “La Sebastiana” de Valparaíso e “Isla Negra” en el litoral central, de comprar y leer dos de sus libros, “20 poemas de amor y un Canto desesperado” y “Confieso que he vivido”, e incluso, atreverme a indagar sobre el enigma de Malva Marina, su hija, me animo a publicar esos dos textos que escupí de mis entrañas adoloridas en 2001, abusando de su existencia y burlándome de su inexistencia. Hoy le debo mi apología que hago letras. Neruda me perdonará. No era un santo tampoco.

Charla muda con Neruda.

Alguna vez leí un pequeño fragmento en el que Pablo Neruda rezaba melancólico “Puedo escribir los versos mas tristes esta noche….” Creo que si Pablo Neruda me hubiera conocido habría escrito: “Él puede escribir versos mas tristes que yo, esta noche…”.

Pero bueno, nunca conocí su tristeza y él tampoco la mía, luego, él con su tristeza y yo con la mía. Al final cada uno con sus versos.

Lo único que sé, es que para mí la noche es un puñal que me entierra el filo de las estrellas con cada destello. Para mí, las estrellas fugaces ya no son mensajeras de deseos románticos en las noches despejadas. Para mí, son un disparo de rabia directo al alma que trae los recuerdos de la noche más larga y oscura de mi vida…mi propia vida.

Pero bueno, no es culpa de las estrellas y de la noche el dolor que me embarga. No es culpa de las nubes que cubran su espectro titilante y se vayan sin siquiera despedirse. La verdad, no es culpa de nadie… y es culpa de todo. “Es sólo la vida” dirán Borges y Benedetti sonriendo con la ironía de quien ya habría soportado mil muertes desde la primera hasta la última. Para mí es sólo el comienzo….y más que tierra… me cayó mierda.

Pero bueno, no pasaré mis días maldiciendo a las nubes, la noche o las estrellas. Tampoco a tu silueta dibujada en la luna opacada por la lluvia. No voy a maldecir nada…sería maldecir mi vida y más maldita no puede estar. Por eso, tan solo sonreiré de delirio victorioso por haber soportado mi primera muerte.

Algún día recordaré los versos más tristes de esta noche y me daré cuenta de que Neruda se equivocó en la inocencia de ignorar que tan sólo iba por alguna de sus primeras muertes ¿¿¿Que habrá escrito en la noche más triste de su vida??? Habrá callado arrepentido de pensar que creyó haber escrito los versos mas tristes en una noche quizás feliz para el total de sus amargas noches…. Por lo menos le quedó algo de inspiración aquella triste noche… pero en su noche más triste, seguro su mano ya no pudo soportar el peso de la pluma.

Sólo espero ahora, que en la noche más triste de mi vida, aún mi mano pueda soportar una pluma para decir, “Puedo escribir los versos más tristes, ahora sí, esta noche”…esa será mi última muerte.

¿Me gusta cuando callas?

“Me gusta cuando callas por que estás como ausente…”

Escribía Neruda, quizás pensando en ese silencio

que da paso a la mirada de una mujer que vuela hacia el infinito,

hacia la nada, y que en su vuelo recorre el campo

de los recuerdos gratos y la melancolía de los

momentos indoloros, dando paso a una sonrisa furtiva

que se desvanece de tajo y de repente con la realidad

inmediata.

Quizás evoca esa mirada de la mujer amada mientras

divagaba en su papel y la nostalgia.

Pero por lo menos él pudo cortar el paisaje de esa

mirada con su presencia, y quizás, en un abrazo perpetuo,

se unió a sus alas para estar ausente de ese lugar,

pero en vuelo eterno.

Pero a mi no me gusta cuando callas… porque en realidad…

estás ausente….

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