Por Francisco Javier Méndez
Alguna vez, yendo a un Rock al Parque con un primo, la policía nos requisó tres veces en un trayecto de diez minutos a pie antes de llegar al filtro oficial para ingresar al Parque Simón Bolívar. En una de esas requisas previas, un policía me preguntó por qué casi todos los asistentes íbamos vestidos de negro. Le expliqué (obviamente de una manera menos concreta, debido a que no me esperaba la pregunta) que el metal surgió en una época en la que el movimiento hippie iba en decadencia y que era el reflejo de un momento histórico en el que gran parte de la juventud se dio cuenta de que la idea de transformar el mundo con discursos de paz y amor había fracasado; así que era natural que se utilizaran prendas oscuras en contraposición a los atuendos coloridos y floreados de los hippies. El “señor agente” me contestó con tono irónico algo como: “Ah, y todo eso acá en Colombia”, como dándome a entender que es ilegitimo identificarse con el metal por ser un movimiento foráneo.
Pude haberle respondido que el sistema que él defiende en su trabajo tampoco es que sea muy autóctono y que la música puede basarse en sentimientos universales, por lo que uno puede identificarse tranquilamente con las canciones hechas por personas de otros países, por muy distantes y distintos que estos sean. Además, es apenas lógico que en un contexto como el nuestro algunos tengamos inclinaciones hacia la música rabiosa, pesada y contestataria. Pero la verdad es que prefería ver las bandas que estaban tocando a quedarme en una discusión que podía terminar en una visita a la UPJ.
Empecé a escribir estas líneas el 5 de julio del 2025, la fecha del último concierto de Black Sabbath (aunque el artículo se va a publicar dos días después). A pesar de que no voy a ver el streaming de la despedida por varios motivos, quiero hacerle un modesto homenaje a esta legendaria banda que ha marcado gran parte de mi vida con sus composiciones, sus letras y su historia. Es mucho lo que se puede decir acerca del cuarteto de Birmingham, desde que son los denominados padres del heavy metal, hasta que muchos amantes del metal dimos nuestros primeros pasos en nuestros respectivos instrumentos intentando interpretar canciones como ‘Paranoid’. No voy a reseñar la discografía de Black Sabbath ni tampoco a hacer un análisis exhaustivo de la historia de la banda, porque son temas demasiado extensos para abordarlos en un escrito corto y siento que hay personas mejor capacitadas para ello que yo. Acá, simplemente, quiero expresar parte de lo que significa Black Sabbath para mí.
Empecé este escrito con la anécdota de Rock al Parque porque Black Sabbath es una de las bandas que marcó el punto de quiebre en la contracultura entre el movimiento hippie y movimientos más oscuros, agresivos y en ocasiones hasta nihilistas. No es que crea que Ozzy, Tony, Geezer y Bill hayan creado un grupo para oponerse abiertamente a los hippies (de hecho, hay fotos y videos donde se les ve con atuendos bastante “jiposos”), sino que tuvieron una buena lectura del momento histórico que les tocó vivir y en consecuencia empezaron a abordar la música desde un ángulo más sombrío que muchos de sus antecesores, distanciándose de ellos. Esto les ayudo a evitar caer en el error que Tzvetan Todorov les atribuye a los hippies: tratar de “volver” a una versión romantizada y poco realista de las formas de vida tradicionales en sociedades donde la mentalidad de los individuos es en gran medida moderna.
Es coherente que Black Sabbath haya tomado un camino distinto al del movimiento hippie, pues hablamos de un grupo creado por cuatro jóvenes de clase obrera que crecieron en una ciudad industrial inglesa de la posguerra entre los escombros de los edificios bombardeados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Eran jóvenes marginados que de no haber encontrado una salida en la música probablemente se hubieran visto condenados a una vida de empleos peligrosos y mal remunerados o, incluso, de criminalidad. De hecho, Tony Iommi se mutiló dos dedos de la mano derecha en un accidente de fábrica y Ozzy estuvo en la cárcel antes de que la banda se fundara.
Ahora bien, a pesar de que Ozzy y compañía ya llevaban un tiempo tocando juntos, el concepto de Black Sabbath nació cuando se dieron cuenta de que la gente pagaba en el cine por sentir miedo. Entonces, decidieron crear música que produjera terror en el oyente, tanto por su sonido como por sus letras. Este primer paso los llevó a crear un estilo musical propio teniendo como base el blues que tocaban anteriormente. A partir de ese momento, el camino quedó abierto para experimentar con esa manera de componer canciones densas pero dinámicas, con letras polémicas y repletas de simbolismos, que caracterizó la primera etapa de la banda antes del despido de Ozzy.
Sin embargo, la propuesta de Black Sabbath no fue del agrado de todo el mundo. Grupos religiosos y políticos intentaron censurarlos en múltiples ocasiones. En cuanto a los periodistas musicales, Ozzy señala en su autobiografía que cree que de ellos jamás recibieron una crítica positiva en su momento. Y con respecto a estos personajes afirma: “Las revistas musicales estaban en manos de universitarios que se creían muy listos y, siendo sinceros, probablemente lo fueran. A nosotros, en cambio, nos habían echado del instituto a los quince años y habíamos trabajado en fábricas y mataderos para sobrevivir. Pero, pese a tener todo el sistema en contra, habíamos conseguido hacer algo”. Y sí que consiguieron hacer algo grande.
Al final, como es bien sabido, Black Sabbath ganó la disputa y con el tiempo los “reseñadores de discos” terminaron adulándolos. Muestra de esa victoria es que alguien como yo, que fui un universitario que se creía muy listo (aunque eso sí, admirador de Black Sabbath desde la primera vez que los escuché), esté escribiendo estas palabras para exaltar a cuatro marginados que lograron revolucionar la música desafiando el sentido de la estética de quienes tenían el dominio de los medios de comunicación de la época, siendo esta hazaña un motivo mucho más poderoso para tener algo de optimismo en este mundo decadente que todas las ideas de paz y amor promovidas por los hippies.
*Fotografía aportada por el autor.
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