Andrés Felipe Giraldo L.
En 2026 habrá elecciones. Y no hablo en nombre del Presidente o de la Registraduría. Hablo en nombre de la historia, el sentido común, las leyes vigentes y la realidad. Colombia es el país en donde es una costumbre tener que explicar lo obvio. Porque insistir en las estupideces para generar pánico y contribuir a la desestabilización del actual gobierno ha sido la forma fácil de calar en la opinión pública para provocar caos a partir de las mentiras, la desinformación y, como no, del miedo. Inocular miedo en las masas ignorantes siempre ha sido la estrategia de los cobardes, porque ante la falta de argumentos y de propuestas, lo mejor es inventar escenarios catastróficos.
La narrativa de la oposición se transformó partiendo de que Colombia se volvería como Venezuela y de que Petro es Chávez o Maduro, a que en el 2026 el Presidente va a suspender las elecciones y se va a perpetuar en el poder. Dado que Colombia evidentemente no se convirtió como Venezuela, porque la economía marcha mucho mejor de lo que la dejó Duque, con indicadores imposibles de controvertir (aunque lo intentan con todo tipo de piruetas argumentativas), y que no cabe duda de que Petro ha sido un demócrata que no persigue contradictores y que además respeta la independencia de las ramas del poder público, ahora solo les queda seguir con las fantasías inventando que en 2026 no habrá elecciones porque un perverso dictador lo hará imposible. Pero esa narrativa es tan flojita que se cae por su propio peso. Por razones tan simples y obvias como que en Colombia no hay ninguna dictadura. Son tan incongruentes los de la mal llamada oposición inteligente que dicen que no habrá elecciones mientras hacen campaña para participar en esas elecciones, para las que no hay dos o tres nombres, sino más de 70. Más de 70 candidaturas en donde dicen que no confían en que en 2026 habrá elecciones. Son tan contradictorios, superficiales, mentirosos e imbéciles, que dudan de una democracia en la que participan activamente para hacerse elegir en esas elecciones que dicen, no habrá.
En 2026 habrá elecciones porque la Constitución lo manda y porque la Registraduría está obligada a hacerlas. Las elecciones no se pueden suspender, no se pueden aplazar, no se pueden cancelar y el Presidente no tiene poder ni injerencia alguna para impedir que se realicen. Cualquiera que conozca la Constitución Nacional de Colombia lo sabe sin necesidad de tener que estudiar Derecho. Porque estamos hablando de un conjunto de derechos y de unos de los pilares fundamentales de la democracia, que jamás ha estado amenazada durante este gobierno. De hecho, ya están programadas las fechas y todo está avanzando en la dirección de las elecciones. Las legislativas serán el domingo 8 de marzo y las presidenciales, en la primera vuelta, el domingo 31 de mayo. De ser necesario, la segunda vuelta se llevará a cabo el domingo 21 de junio. El propio Registrador Nacional, Hernán Penagos, afirmó el 5 de marzo de 2025 en la presentación del calendario electoral 2026 que “los colombianos pueden tener absoluta tranquilidad de que la Registraduría Nacional puede garantizar elecciones transparentes e íntegras”. Es decir, seguir alimentando el coco de que en 2026 no habrá elecciones no solo es infundado, sino que la motivación de tales infundios busca incidir en el resultado mismo de esas elecciones que, por supuesto, sí se llevarán a cabo. No son pocos quienes siguen con el sirirí fantasioso de la suspensión de las elecciones, en donde se destacan, como no, los candidatos de ese “centro” variable, timorato, insustancial y corrosivo que construye su capital político a partir de estas mentiras, para que la extrema derecha las amplifique y las vuelva escándalo. Porque así funciona ese famoso “centro” político, acostumbrado a inventar narrativas que saben que encontrarán eco en la extrema derecha, de la que se valen para hacer de los rumores verdaderas teorías conspirativas y acciones violentas. El “centro” es ese bully de colegio que le habla al oído al más bobito del salón para convertirlo en una máquina de guerra, el que manipula a los profesores y el que saca provecho del malestar general para su propio beneficio. Y, como no, el cálculo político de ese “centro” político es generar el caos para luego decir que nos salvaron del caos. La reforma laboral y Angélica Lozano son un claro ejemplo sobre cómo funcionan. Así han ganado votos, pero ahora los están perdiendo. Porque ya les conocemos las mañas.
En el fondo, la intención de quienes esparcen este rumor insostenible en el tiempo, es crear un manto de duda sobre las elecciones, que saben, se llevarán a cabo. Porque ante esta narrativa insostenible en el tiempo, que se va cayendo a pedazos por la fuerza de la lógica y la realidad, no tendrán más argumento que decir que el gobierno hará fraude y se va a robar las elecciones que dijeron que no se iban a hacer. Porque, caída la fantasía, solo les queda pervertir la realidad. Cualquier buen resultado que obtenga la izquierda en 2026 será objeto de sospecha. No aceptarán ningún resultado que suponga un fortalecimiento político de la izquierda porque, sin duda, empezarán de nuevo a hablar de Venezuela, Chávez, Maduro y todo ese disco rallado que no por inverosímil deja de ser efectivo. Y así van viciando el resultado de unas elecciones impredecibles, de las que lo único que se sabe es que sí se llevarán a cabo. Hacen de la única certeza una amenaza para poder manipular de antemano cualquier resultado electoral. Son hábiles, porque en el fondo saben que, si sus delirios se hicieran realidad y Petro decretara la suspensión de las elecciones, cosa que no va a pasar, la Corte Constitucional lo declararía inexequible, las Fuerzas Militares entrarían a proteger el orden constitucional y hasta los mismos partidarios de Petro le darían la espalda ante una medida que él ni siquiera ha considerado en ningún momento, en ningún escenario, por ningún motivo. Es sencillamente imposible que las elecciones de 2026 no se lleven a cabo. Pero seguir trabajando esta teoría absurda vicia de antemano todo un proceso que ya está en marcha.
Por supuesto que el Presidente tiene dudas sobre la transparencia de las elecciones en 2026 en manos de Thomas Greg and Sons que maneja toda la parte logística de los comicios. Y las dudas son legítimas porque esta empresa tiene a su cargo toda la logística de las elecciones y, a pesar de que dicen que no controla el escrutinio, tiene a su cargo la administración del software que sí lo hace desde hace muchos años, y para nadie es un secreto que la desconfianza que tiene Petro sobre quienes tienen el manejo de esta firma parte de varios monopolios tecnológicos que tiene esta empresa, como el de los pasaportes, lo que ha generado grandes réditos económicos a esa sola empresa. Petro quiere romper el poder del monopolio de Thomas Greg and Sons y considera que la tensión de esta situación puede afectar los resultados electorales de 2026 en contra de la izquierda democrática, en la que esa empresa tendría mucho que ver. Es una inquietud legítima sobre la que la Registraduría está dando sus respuestas para garantizar la transparencia en las elecciones. Además, las veedurías internacionales y los testigos electorales también tendrán una gran responsabilidad para garantizar la transparencia en las elecciones.
Es decir, tener dudas e inquietudes, tanto del gobierno como de la oposición es legítimo y cada uno podrá manifestar sus reparos en el tiempo que falta para los comicios. Lo que no se puede seguir alimentando es esa narrativa tramposa, falsa y calculada de que Petro va a suspender o cancelar las elecciones porque no solo es falso sino imposible. Hay que acabar con ese cuento falaz de unir a los sectores de oposición para “defender la democracia” cuando la democracia está a salvo por parte del Presidente, pero en riesgo por cuenta de esa misma oposición que se la pasa en confabulaciones, conspiraciones y complots para que Petro no termine su mandato, como se ha evidenciado con los últimos hechos. Los tales “garantes de la democracia” son los mismos que se babean pensando en cómo derrocar a Petro antes del 7 de agosto de 2026.
En vez de seguir esparciendo un rumor falso, sin fundamentos y nocivo para la democracia, la autodenominada “oposición inteligente” se debería preocupar por fortalecer sus propuestas desde las campañas, abrir los ojos y ver en el horizonte que más allá de negar las elecciones se deben preparar para ellas dando debates de altura, cautivando a una ciudadanía cada vez más escéptica, estructurando planes de gobierno serios y viables. El odio a Petro los está estupidizando al punto de que, en vísperas de elecciones, se preocupan más por tumbar un Presidente a punta de mentiras que por construir alternativas serias, viables y creíbles. Ya paren que el país no necesita más mentiras, no necesita más miedo, no necesita de estos bulos ridículos que lo único que dejan ver es a una oposición flojita, temerosa y nada propositiva. La democracia les permite participar en las elecciones que vienen. Al menos háganlo con altura y ya dejen las fábulas para los niños que el país necesita gente seria y responsable. En 2026 habrá elecciones. De eso no hay duda. De lo que sí existen muchas dudas es sobre la calidad de los más de 70 candidatos que aspiran a reemplazar a Petro de los cuales un gran porcentaje no tienen más discurso que atacar a Petro. Da lástima que en las vísperas de elecciones todo lo que hay para ver y para escuchar sean estos argumentos insustanciales y que sigan vendiendo miedo sin una oferta de país.
Elecciones habrá en 2026. Lo que no hay son candidatos por los que valga la pena votar.
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